El movimiento más difícil: enfrentando miedos en el tatami

Esta semana, en clase, hemos hecho una de las actividades más desafiantes para muchos de nuestros alumnos: salir al centro del tatami y realizar un kata de su elección ante la mirada de sus compañeros y profesores.

(Por si no lo sabes, un kata es una secuencia de técnicas de defensa y ataque predefinidas, que se realizan contra adversarios imaginarios.)

Aunque pueda parecer sencillo, para algunos es una auténtica prueba de valentía.


Una actividad que va más allá de lo técnico

El ejercicio es sencillo en su planteamiento, pero profundo en su impacto. Esto es lo que hacemos:

  1. Los alumnos, de forma voluntaria, se colocan en el centro del tatami.
  2. Realizan un kata que ellos elijan. Puede ser uno más básico o el que estén aprendiendo en ese momento.
  3. El resto del grupo se sienta alrededor, formando un círculo o cuadrado.

Cuando terminan:

  • Aplaudimos su esfuerzo.
  • Les damos palabras de aliento sinceras, evitando elogios vacíos.
  • Les preguntamos si quieren recibir consejos para mejorar. (Siempre les damos la opción, y casi todos aceptan).

El verdadero objetivo no es la ejecución perfecta del kata, sino lo que ocurre dentro de cada uno de ellos: enfrentarse a sus miedos y superar la voz interior que intenta detenerlos.


El verdadero reto está en la mente

A medida que avanzamos, los primeros en salir suelen ser quienes no tienen miedo a exponerse. Pero poco a poco llega el turno de aquellos para quienes este ejercicio es una auténtica batalla interna.

En esos momentos, me gusta que reflexionen sobre algunas ideas importantes:

  1. Nadie es perfecto.
    Incluso el profesor comete errores. Lo importante no es hacer un kata perfecto, sino aprender y mejorar.
  2. Identifica tu vocecita interior.
    Esa voz que pone excusas y te dice que no lo hagas no eres tú. Es tu miedo, y aprender a reconocerlo es el primer paso para superarlo.
  3. Nada que perder, mucho que ganar.
    Este es un espacio seguro. Nadie será juzgado, y todos estamos aquí para apoyarnos.
  4. El primer paso es la victoria.
    Levantarse, decir “¡Ahora yo!” y enfrentarse al miedo ya es un logro enorme. El resultado técnico es secundario; lo que cuenta es la valentía de intentarlo.
  5. Respeta tus tiempos.
    Si hoy no es el momento, no pasa nada. Cada persona tiene su ritmo, y cuando estén listos, estaremos aquí para celebrarlo.

El valor de la motivación intrínseca

Una parte fundamental de esta actividad es que los alumnos descubran su propia satisfacción interna al superar este reto. Por eso, evitamos recompensas externas. Lo que verdaderamente importa es que ellos mismos reconozcan su logro y sientan orgullo por haber vencido sus miedos.

Un simple “¡Enhorabuena!” y unas palabras de aliento son suficientes. Queremos que su motivación sea duradera, y eso solo se consigue cuando el “premio” viene de dentro.


Un aprendizaje para todos

Al final, siempre les recuerdo que esa “vocecita” existe en todos nosotros:

  • A algunos les dice que no se atrevan.
  • A otros les asegura que lo hacen todo perfecto.

Lo importante es reconocer esa voz y trabajar en ello. Porque reconocerla es el primer paso para enfrentarte a ella y derrotarla. Ese es el verdadero enemigo, y no ningún compañero o compañera.


Reflexión final

Te invito a que tú también te preguntes:
¿Qué mensajes te dice tu mente cuando enfrentas un reto? ¿Cómo puedes dar ese paso que tanto te cuesta?

A veces, el movimiento más difícil no es una patada espectacular, sino algo tan sencillo (y complicado a la vez) como levantarte, estirar las piernas y decir: “¡Ahora yo!”.


¿Qué opinas?

¿Te has enfrentado alguna vez a un reto similar? Me encantaría leer tus experiencias en los comentarios. Si crees que este post puede inspirar a otros, ¡compártelo!

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